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Uso primario vs. uso secundario de los datos: lo que el EHDS nos enseña para cualquier sector

Cuando hablamos del valor de los datos, solemos pensar en el propósito para el que fueron recogidos: una historia clínica sirve para atender al paciente, los datos de un contador inteligente sirven para facturar la energía, los de un GPS para guiar un vehículo. Sin embargo, buena parte del valor de los datos está en su reutilización para fines distintos de aquel para el que se recogieron: investigar, innovar, diseñar políticas públicas, entrenar sistemas de inteligencia artificial. Esa es la frontera entre el uso primario y el uso secundario de los datos, y gestionarla bien es uno de los grandes retos del gobierno del dato.

El Espacio Europeo de Datos de Salud (EHDS, Reglamento (UE) 2025/327) es, hasta la fecha, el intento regulatorio más elaborado de resolver esta cuestión: es el primer espacio de datos sectorial europeo con reglamento propio, y dedica precisamente su arquitectura a organizar ambos usos con garantías. Por eso, aunque hable de salud, sus mecanismos son una lección extrapolable a cualquier sector. En este artículo explicamos qué distingue al uso primario del secundario, cómo lo resuelve el EHDS y qué pueden aprender de ello la movilidad, el sector agroalimentario, la energía o cualquier organización que aspire a compartir datos.

¿Qué es el uso primario de los datos?

El uso primario es la utilización de los datos para la finalidad original para la que fueron recogidos. En el ámbito sanitario, es el uso de los datos de salud para la prestación de la asistencia: que el médico que te atiende pueda consultar tu historia, tus tratamientos o tus resultados de laboratorio.

En el uso primario, el protagonista es el titular de los datos. El EHDS lo refuerza reconociendo a los ciudadanos derechos efectivos sobre sus datos de salud:

    • Acceder a sus datos sanitarios electrónicos de forma inmediata y gratuita.
    • Portarlos entre profesionales y sistemas sanitarios, incluso entre Estados miembros, gracias a formatos de intercambio comunes.
    • Rectificarlos y controlar quién accede a ellos, con trazabilidad de los accesos.

La lección para otros sectores: el uso primario funciona cuando los datos son interoperables y portables. Si cada hospital, cada eléctrica o cada operador de transporte guarda los datos en formatos propietarios, ni siquiera la finalidad original se cumple bien. La interoperabilidad no es un lujo técnico: es la condición de partida.

¿Qué es el uso secundario de los datos?

El uso secundario es la reutilización de los datos para finalidades distintas de la original, socialmente valiosas: investigación científica, innovación, salud pública, elaboración de políticas, estadísticas oficiales o entrenamiento de algoritmos. El ejemplo clásico: las historias clínicas que se generaron para atender pacientes pueden, adecuadamente tratadas, servir para investigar la eficacia de un tratamiento o anticipar brotes epidémicos.

El problema es evidente: el uso secundario multiplica el valor de los datos, pero también los riesgos para las personas y organizaciones a las que se refieren. La respuesta tradicional ha oscilado entre dos extremos igual de malos: el bloqueo por precaución (los datos no salen nunca) o la cesión descontrolada. La aportación del EHDS es demostrar que existe una tercera vía: habilitar el uso secundario con garantías estructurales.

Los cinco mecanismos del EHDS que cualquier sector debería copiar

El EHDS no se limita a «permitir» el uso secundario: construye un sistema completo de salvaguardas que conviene conocer, porque define el estándar de lo que significa reutilizar datos con garantías.

    • Finalidades tasadas, en positivo y en negativo. El reglamento enumera para qué puede solicitarse el uso secundario (investigación, innovación, salud pública, políticas, educación, entrenamiento de algoritmos…) y para qué no: queda expresamente prohibido usar los datos para publicidad, para tomar decisiones perjudiciales contra las personas o para excluirlas de beneficios como contratos de seguro. No todo uso «interesante» es un uso legítimo.
    • Autorización previa mediante data permit. Quien quiere reutilizar datos debe solicitarlo a un organismo de acceso a los datos sanitarios, que evalúa la finalidad, la proporcionalidad de los datos solicitados y las garantías del solicitante, y emite —o deniega— un permiso con condiciones y duración limitada. De esta figura hablamos con detalle en el primer artículo de esta serie.
    • Entornos seguros de procesamiento. Los datos no se entregan: se visitan. El usuario autorizado trabaja dentro de un entorno controlado del que solo puede extraer resultados agregados, nunca los datos individuales. Es un cambio de paradigma: de mover los datos hacia el análisis, a mover el análisis hacia los datos.
    • Minimización y anonimización por defecto. El principio general es trabajar con datos anonimizados, y solo cuando la finalidad lo exija, con datos seudonimizados, siempre con la mínima granularidad necesaria.
    • Derechos y transparencia para los titulares. Los ciudadanos conservan la capacidad de oponerse al uso secundario de sus datos, y los resultados de las investigaciones deben hacerse públicos, devolviendo a la sociedad el valor generado con sus datos.

¿Cómo se traslada esto a otros sectores?

La combinación «finalidades tasadas + autorización + entorno controlado + minimización + transparencia» es un patrón de diseño que no tiene nada de específicamente sanitario. Algunos ejemplos:

    • Movilidad: los datos de desplazamientos recogidos para operar el transporte (uso primario) pueden reutilizarse para planificar infraestructuras o reducir emisiones (uso secundario), con agregación obligatoria y prohibición expresa de seguimiento individualizado.
    • Agroalimentario: los datos de sensores recogidos para gestionar una explotación pueden alimentar investigación agronómica o modelos climáticos, siempre que se garantice que no se usarán para discriminar precios a los propios agricultores que los generan, una preocupación que el Data Act aborda al regular el acceso a los datos generados por productos conectados.
    • Energía: los datos de consumo recogidos para facturar pueden servir para investigar patrones de eficiencia o dimensionar renovables, trabajando sobre datos agregados en entornos controlados y con oposición posible del consumidor.

En todos los casos, la pregunta que el EHDS enseña a plantear es la misma: ¿quién autoriza, con qué finalidades, en qué entorno y con qué garantías para el titular? Un espacio de datos sectorial maduro debería poder responderla en su rulebook.

Uso primario vs. uso secundario: resumen

Característica

Uso primario

Uso secundario

Finalidad

La original de la recogida

Distinta de la original (investigación, innovación, políticas…)

Quién decide el acceso

El titular y el marco de la relación original

Una autoridad u órgano de gobernanza, mediante autorización

Instrumento típico

Consentimiento, contrato de servicio, obligación legal

Data permit con finalidad, condiciones y plazo

Forma de acceso

Directa, en los sistemas de la actividad

Preferentemente en entornos seguros de procesamiento

Datos utilizados

Identificados, al nivel que exige el servicio

Anonimizados o seudonimizados, minimizados

Riesgo principal

Falta de interoperabilidad y portabilidad

Reidentificación y usos prohibidos

¿Qué deberían hacer las organizaciones desde ya?

Prepararse para el uso secundario no empieza el día en que llega una solicitud de datos, sino mucho antes, y es en esencia una tarea de gobierno del dato:

    • Inventariar y catalogar los datos que se poseen, distinguiendo su finalidad original y su potencial de reutilización.
    • Asegurar la calidad y la documentación de esos datos: un dato sin metadatos, sin linaje y sin niveles de calidad conocidos no es reutilizable con garantías, por mucho valor latente que tenga.
    • Desarrollar capacidades de anonimización y agregación, que son las que permiten decir «sí» a la reutilización sin asumir riesgos inaceptables.
    • Definir políticas internas de uso secundario alineadas con el RGPD, el DGA y la regulación sectorial, para no improvisar la respuesta ante cada solicitud.

Conclusión

La distinción entre uso primario y uso secundario no es un tecnicismo jurídico: es la clave que permite multiplicar el valor de los datos sin traicionar la confianza de quienes los generan. El EHDS demuestra que el dilema entre proteger y reutilizar es falso si se construyen las garantías adecuadas: finalidades tasadas, autorización previa, entornos seguros, minimización y transparencia. Los demás espacios de datos sectoriales que están naciendo en Europa —y las organizaciones que participarán en ellos— tienen en el reglamento sanitario un manual de instrucciones anticipado.

Si tu organización quiere preparar sus datos para la reutilización, evaluar su calidad o definir sus políticas de uso secundario, en DQTeam podemos ayudarte. ¡Hablemos de datos!